Historia de las Migraciones y Derechos Humanos

Cristina Isacura Atencio.
Directora de Isacura Asociados.

Los movimientos migratorios de personas han sido una constante a lo largo de la historia. Uno de los aspectos más fascinantes del ser humano es su capacidad para desplazarse, asentarse y adaptarse en casi cualquier lugar del planeta y a cualquier entorno al margen de las condiciones climáticas y sociales existentes.

El mundo tal y como lo conocemos se ha construido a través de las expediciones, peregrinajes, nomadismo, invasiones, conquistas de tierras y colonizaciones.

De las primeras migraciones conocidas tenemos como referencia aquella que sacó a nuestros primeros ancestros de África para expandirse por el mundo hace 1,7 millones de años -quizás inducidos por el hambre y por un aumento de la población- para entrar en Asia y colonizar nuevos territorios hasta alcanzar Europa, donde la presencia humana está fechada hace unos 700.000 años.

Es a partir del descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492, donde comienza una era de grandes movimientos migratorios. Los avances geográficos permitieron el traslado de personas a las nuevas colonias ultramarinas, bajo la dirección de los gobiernos. Las naciones europeas se expandieron por África, Asia y, sobre todo, América.

La llegada de europeos a tierras lejanas aporto desarrollo aquellas tierras, pero como contrapartida, se produjo la devastación de los pueblos de América Central y del Sur (mayas, aztecas, incas), cuyas culturas fueron aplastadas y su población fue mermada.

Tampoco podemos olvidar como parte importante de la historia de las migraciones la expansión de los celtas y de los vikingos, la de los fenicios y griegos por el Mediterráneo, las cruzadas de árabes y mongoles, siendo dichos movimientos cruciales para conocer y entender la historia de las sociedades modernas y sobre las cuales se han asentado los Estados.

Quizás por todo ello la posibilidad de decidir dónde vivir es un aspecto no solo fundamental de la libertad humana, sino también evolutiva.

Así pues, el deseo natural de explorar para encontrar nuevos rumbos que nos permitan evolucionar y acercarnos a nuestros anhelos como seres sociales resulta irreprochable, máxime cuando aquello que impulsa el viaje es la necesidad de mejorar las condiciones de vida, económicas, laborales, sociales, o simplemente el justificado deseo de huir de la miseria, la hambruna, la ignorancia, la desigualdad, la falta de derechos y libertades sociales o políticas.

Esto ha traído como consecuencia que los flujos migratorios crezcan a tal punto que en que en la actualidad más personas que nunca viven en un país distinto de aquel donde nacieron.
Para PINYOL – JIMENEZ las migraciones tienen la notable capacidad de transformación social1, convirtiéndose en un componente imprescindible para el desarrollo de la sociedad, pero la migración no puede ser un sustituto para el desarrollo y el desarrollo no es necesariamente dependiente de la migración, sin embargo, cada uno de estos procesos puede influir de manera profunda y significativa en el otro.2 Por ello las migraciones deben estar suficientemente integradas en los mecanismos de planificación y en las políticas de cooperación al desarrollo de todas las naciones.

La integración de las migraciones y la aceptación del derecho a la movilidad deben ser objetivos primordiales en las agendas de los países, teniendo en cuenta que, la globalización ha significado el desarrollo, pero mientras que los bienes y servicios, el capital, las comunicaciones, el transporte e incluso la información circulan más fácilmente, los movimientos humanos ahora encuentran mayores obstáculos que en el pasado y la vulneración de derechos fundamentales se presenta como una incuestionable realidad.

1* Las Migraciones y Su Desarrollo, Sobre las Migraciones y refugio: de los conceptos y de su marco normativo en el escenario internacional, PINYOL-JIMENEZ, G, pág., 18.

2*  Migraciones y Desarrollo. OIM.

Si bien es cierto que la libre circulación de las personas, así como la libertad de residencia, es un derecho humano básico, expresado en el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que proclama: “1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”3. La complejidad del asunto radica en que, mientras “la emigración es un derecho humano la inmigración no lo es”4. Ciertamente la legislación internacional afirma, el derecho a emigrar, pero ignora su contrapartida, el derecho a inmigrar, con lo cual se acaba conculcando el primero de esos derechos y termina siendo un derecho condicionado. Como consecuencia, no es extraño que los migrantes se encuentren en una especie de limbo judicial.

La interacción entre estos dos aspectos de la migración resulta crucial, ciertamente plantea desafíos complejos, pero a su vez resulta necesario a todas luces para evitar la inseguridad jurídica de aquellos que deseen ejercer el derecho a circular libremente y a elegir residencia.

De acuerdo con el Grupo Mundial sobre Migración (GMG): “La protección de estos derechos, no es solo una obligación legal; es, además, una cuestión de interés público que está intrínsecamente relacionada con el desarrollo humano.”5

No debemos olvidar que el pasado se está escribiendo y todos, como parte integradora de la sociedad seremos parte de esa historia.

3* Declaración Universal de Derechos Humanos, Naciones Unidas, 1948, artículo 13.
4* Héller, A., (1992), «Diez tesis sobre la inmigración», Diario El País, 30 de mayo de 1992.
5* Grupo Mundial sobre Migración, Declaración del Grupo Mundial sobre Migración relativa a los derechos humanos de los migrantes en situación irregular, 30 de septiembre de 2010, capitulo 3

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