Integración Social de Inmigrantes

Integración Social de Inmigrantes

 

Integración Social de Inmigrantes

         Los inmigrantes vienen de cada región del mundo. El cambio de circunstancias dentro de los países, así como las tendencias generales de “globalización”, están contribuyendo al surgimiento de realidades migratorias.

El proceso de ajuste mutuo por parte de los inmigrantes y su nueva comunidad de destino es uno de los desafíos más grandes y sensibles para los gobiernos y sociedades en todo el mundo, y los gobiernos están buscando nuevos enfoques para manejar patrones cada vez más dinámicos de interacción entre los inmigrantes y las sociedades que los reciben. La integración para la migración en el siglo veintiuno requerirá de innovación y sistemas de gestión de la migración con múltiple facetas.

       El proceso de integración se relaciona con todos los aspectos de la vida en una sociedad, e incluye a los inmigrantes así como a la sociedad que los recibe. Los patrones de migración están produciendo influencias culturales cada vez más diversas en las sociedades de destino. Estas influencias se pueden utilizar constructivamente mientras se conserva la coherencia y unidad social. Las medidas de integración por lo general tienen como fin preservar o restablecer el funcionamiento uniforme de una sociedad y ayudar a las personas que requieren apoyo para que se conviertan en participantes de la vida económica, social y cultural.

     Sin embargo, en nuestro contexto se escuchan en muchos discursos las propuestas de integración, no como un reconocimiento de las barreras de participación social, sino como una idea de que si los inmigrantes no están integrados es porque muestran ciertas limitaciones, carecen o tienen más débiles ciertos valores, y que para integrarse deben someterse a procesos de auto transformación, reeducación, aprendizaje y adquisición de valores y capacidades, que les permitan acceder, al final, a sociedades como la Española. Este concepto de la integración tiene un trasfondo implícito, la idea de la relativa inferioridad de las culturas y países emisores de inmigrantes. Y es curioso, no sólo es un discurso de las personas que son abiertamente xenófobas, se oye incluso entre personas que muestran simpatía y solidaridad con las personas inmigrantes, las cuales dan por ciertas las “limitaciones” de los inmigrantes, proponiendo que con suficientes recursos podrían pasar por estos procesos “civilizadores”.

        Con esto no se quiere decir que la situación de los inmigrantes aquí y ahora sea la misma a la que se enfrentaban los afroamericanos hace años, pero sí insistir en la existencia de importantes dosis de discriminación y xenofobia, tanto social como institucional, que implican limitaciones a sus derechos y obstáculos para su plena integración o, usando una palabra más específica, su “participación en la sociedad”. A la vez, hay muy poco reconocimiento de estas importantísimas barreras, lo cual contribuye a fortalecer la idea, muy equivocada, de que la falta de integración de los inmigrantes se debe a sus propias carencias culturales, sociales o personales. Y muy relacionada con esta creencia es la extendida imagen del inmigrante como una persona menos respetuosa, más primitiva o molesta, o aún más extrema, como persona conflictiva, peligrosa y más proclive al delito.

      En Muchos casos la inversión que tiene que hacer los Países receptores de inmigrantes en Educación académica es Mínimo, ya que los acogidos llegan formados y aptos para la vida laboral. En esta situación la estigmatización de los inmigrantes como conflictivos, problemáticos o criminales tiene una enorme funcionalidad a la hora de asegurar el mantenimiento de los altos niveles de explotación laboral. Primero, permite que los propios inmigrantes sean temerosos a la hora de organizarse, intentar defender sus derechos o mejorar su situación laboral o vital. Incluso la ley prohíbe a las personas indocumentadas formar parte de asociaciones o sindicarse. Segundo, permite un clima social entre la población autóctona de ver a los inmigrantes como amenazas, haciendo difícil que se puedan juntar para organizarse cuando coinciden en los lugares de trabajo. También permite aprobar, con gran consenso social, políticas aún más restrictivas sobre los derechos de los inmigrantes, haciendo aún más difícil disponer de herramientas para la defensa de sus condiciones de trabajo y vida. A la vez permite no tener que responder a las necesidades y demandas sociales de los inmigrantes, ya que existe una creciente percepción social de que los inmigrantes están disfrutando “injustamente” de una desproporcionada cantidad de recursos sociales, abriendo brechas de mutua desconfianza entre personas de distintas procedencias. Esto no sólo es un obstáculo más para no poder trabajar juntos en la consecución de mejores condiciones de vida, sino que favorece dinámicas de competencia entre ellos por los empleos y los recursos.

       Yo Fui indocumentado durante más de un Año en Madrid, tras mi llegada en el Año 2004 viví en carne propia el camuflado racismo que se ejerce, con suaves pinceladas de rechazo, desconfianza y menosprecio al inmigrante “por algunas personas”.

      Mi integración Social fue rápida y fructífera, el Idioma, mis valores, mi cultura tolerante y abierta me permitieron adaptarme a la mezcla de razas y grupos minoritarios de intolerancia migratoria. Todos estos momentos vividos alimentaron mucho más mi tolerancia y empatía hacia muchísima personas que comienzan su etapa. Educar a mis Hijas de estos valores es el paso para enfocar la ayuda a las próximas personas que vivirán la experiencia. Sin rencores y con mucha aceptación, trabajando con mucho más fuerza y confianza, ya que hoy comparto con ustedes dos pilares sólidos que nos dan la entrada donde aprender y dejarme guiar, sabiendo que tenemos el deber de acoger no solamente al Inmigrante sino a todas las personas, sin distinciones de raza y religión, entregando lo mejor, y sabiendo que estos tres principios Libertad Igualdad Fraternidad se están expandiendo.

      Y para terminar, es fundamental recordar que la diversidad no es incompatible con otra realidad: lo muy parecidos que somos todos los seres humanos en nuestras necesidades, motivaciones y deseos. Tener familia o vínculos duraderos con otras personas, sentirnos respetados, poder participar, sentir seguridad, divertirnos… es lo que buscamos todos, extranjeros y autóctonos, dotándonos de una profunda base común sobre la que construir sociedades unidas e integradoras.

 

Rafa

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